miércoles, 25 de agosto de 2010

El caballero Héctor de Sainte Hermine – Alejandro Dumas


ED. Círculo de Lectores // 1.100 pág.

Alejandro Dumas no necesita presentación. Como tantos otros autores de la época clásica, terminaron asediados por las deudas y sin ni siquiera ser capaces de mantener a sus numerosas familias. Dumas terminó sus días en un mísero apartamento de París, por entonces capital del mundo bajo el mandato de Napoleón. Ya no quedaba nada de Los tres mosqueteros, ni nada de La novena puerta o El Club Dumas. Las maravillosas cenas en embajadas, los coloristas bailes en las casas de aristócratas y generales… todo se fundió para Dumas. El caballero Héctor de Sainte Hermine es el último vestigio de su literatura, la escribió por fascículos para una revista que se lo publicaba día sí, día no y acaba de ser publicada en todo el mundo como la novela póstuma de un gran escritor.

Héctor de Saint Hermine es el tercero de los hijos del Conde de Sainte Hermine, defensor de la república y enemigo acérrimo del emperador Napoleón. Tras la muerte del Conde a manos del ejército de Napoleón, los hijos juran sucesivamente vengar la muerte de su padre. Uno tras otro van cayendo y con ellos la responsabilidad de hacer honor a su padre. Por último llega el turno al pequeño Héctor, quién abandona su pedida de mano a la carrera pues le llega el requerimiento de la sociedad secreta, que fundó el padre para restaurar la república, de que ha llegado el momento de que asuma el juramento de los hermanos.

Intrigas cortesanas, amores imposibles, caballerosidad extrema, luchas en tierra, abordajes en el Atlántico, cacerías de tigres en las selvas birmanas. Semana a semana, capítulo a capítulo, Dumas acerca poco a poco a Héctor hasta el emperador Napoleón. Debido a su precaria situación económica, Dumas alargó la novela todo lo que pudo, 1.200 páginas después, Héctor está ya muy cerca del círculo de confianza del emperador, este confía en él y podemos tocar la venganza con la punta de los dedos.

Pero… Dumas muere tumbado en la cama del mísero apartamento de París rodeado de su familia y su escribano que siguió tomando nota de las aventuras de El caballero Héctor de Sainte Hermine hasta el último aliento del escritor.

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